Son varias las perspectivas que han tratado de abordar el problema de las necesidades, desde Maslow  y su escala de necesidades instintivas  hasta Marcuse  y su diferenciación entre necesidades verdaderas y falsas dependiendo de los intereses que las crean.   La dificultad para establecer con concreción el carácter y límite de las necesidades humanas reside en que éstas, lejos de ser autónomas o naturales, surgen del contexto concreto en que los individuos se desenvuelven.  En palabras de Alonso: “Es la estructura social la que determina el orden de prioridad de las necesidades”. Esta dificultad se ve además agudizada por el propio carácter del sistema productivo, necesitado de crear artificialmente necesidades cuya satisfacción (mediante el consumo) dé salida a lo producido, completando así un círculo cerrado perfectamente descrito por Galbraith: “Las necesidades no poseen un origen que sea independiente de la producción.  Son creadas por el mismo proceso que contribuye a incrementar la producción”.

De los Santos, a su vez, denomina Tecnocracia a cierta ideología que se caracteriza por “el sentido de racionalidad que atribuye a sus concepciones, por el hecho de presentarlas como la síntesis de lo racional y de lo definitivo; pero sobre todo por su papel justificativo del dominio de grupos sociales particulares”; y que pretende, por tanto, erigirse en un realismo racional cuya finalidad es la superación de los conflictos y luchas del pasado, en un intento por hacer converger los intereses de la Sociedad en su conjunto con aquéllos que justifican la existencia del propio sistema tecnocrático, dentro de la economía de mercado. Señala también De los Santos que uno de estos supuestos intereses, “la creencia de que el aumento de la producción es un objetivo social válido, resulta ser de hecho casi universal y absoluta. (…) De ese modo la organización económica, aunque dice acomodarse a los deseos del hombre, acomoda de hecho el hombre a sus intereses, y lo hace cada vez más ampliamente. Así el control, la gestión y manipulación de la demanda se ha convertido en una enorme industria de rápido crecimiento”.

Esta creación interesada de necesidades, imprescindible para el mantenimiento de un sistema económico en constante crecimiento, se ve agudizada (y convenientemente promovida por la publicidad) por la emulación como generador de aspiraciones y deseos nunca del todo satisfechos y siempre crecientes.  Es lo que Alonso ha denominado producción para el deseo: “La producción para el deseo es la producción característica y dominante en el capitalismo avanzado, esto es, es una producción derivada de la creación de aspiraciones individualizadas por un aparato cultural (y comercial); el deseo se asienta sobre identificaciones inconscientes y siempre personales (aunque pueden coincidir en miles de millones de seres) con el valor simbólico de determinados objetos y servicios habitualmente hoy en día en el campo socioeconómico manipulados por los mensajes publicitarios”.

Frente a todo lo anterior, un proyecto de evaluación de necesidades que trate de identificar las carencias reales de una población ha de centrarse en las necesidades producidas por las propias relaciones sociales, tanto comunitarias como productivas; en palabras nuevamente de Alonso: “La necesidad surge, pues, del proceso por el cual los seres humanos se mantienen y reproducen como individuos y como individuos sociales, es decir, como seres humanos con una personalidad afectivo-comunicativa en un marco socio-histórico concreto”.

Identificar estas necesidades en el contexto social concreto en el que surgen exige, en primer lugar, atender al aspecto subjetivo, sentido y experimentado por los individuos de sus propias necesidades en función de sus relaciones sociales y de su experiencia vivida.  En consecuencia, el planteamiento de este estudio ha de centrarse en reconocer las carencias y los espacios no cubiertos que las personas perciben desde su propia posición social y enmarcadas en un haz de relaciones y procesos que en la práctica les constituyen como individuos, pero sobre todo como individuos sociales. En segundo lugar, se trata de aprehender el contexto en que tales individuos se desenvuelven, lo que implica desentrañar el marco socioeconómico y estructural del cual surgen directamente las necesidades para que su conocimiento permita la integración comprensiva de estas necesidades en la realidad social en la cual las personas se hallan insertas.

Metodología

En base a todo lo expuesto, se considera necesaria la utilización de técnicas cualitativas de investigación social. Éstas nos permiten acceder al conocimiento de la realidad a través del análisis de los discursos sociales y de las representaciones simbólicas manifestadas por medio del habla como significador de discursos ideológicos intersubjetivos y como expresión de los deseos y valores de los sujetos de la investigación; el uso de tales técnicas va a facilitar la identificación de las necesidades que los individuos objeto de estudio perciben en función de la situación concreta que viven y experimentan diariamente, de su imagen particular del entorno, de lo que sienten y a lo que anhelan: sus carencias y aspiraciones originadas por la experiencia vivida. Se trata, en suma, de hacer factible lo manifestado por Marcuse: “En última instancia, la pregunta sobre cuáles son las necesidades verdaderas o falsas sólo puede ser resuelta por los mismos individuos, pero sólo en última instancia; esto es, siempre y cuando tengan la libertad de dar su propia respuesta”.

Las técnicas a desarrollar propuestas son la entrevista individual abierta semidirectiva y los grupos de discusión, dos técnicas de investigación cualitativa que permiten integrar los aspectos cognitivos, afectivos y conductuales manifestados por medio del habla (como manifestación de un lenguaje nunca neutro, siempre portador de sentido, significaciones latentes y releciones inconscientes) dentro de un proceso vital determinado y un medio social concreto, aspectos que por otra parte sería imposible concentrar en cuestionarios cerrados con items de respuestas establecidas e inevitablemente ajenos a los mil y un matices del lenguaje verbal y no verbal presentes en las entrevistas. Igualmente, dichas técnicas pueden facilitarnos el acceso a los discursos sociales emanantes de una población en su conjunto, más allá de la imagen dada por la ideología dominante, en función de su pertenencia a determinados grupos de referencia con similares perspectivas y motivaciones.

En concreto, a través de las entrevistas abiertas nos adentraremos en la búsqueda de experiencias personales y de identidades concretas, pero no en busca de un yo puramente individual y objetivo, sino “de un yo especular o directamente social que aparece como un proceso en el que -como señaló en su día el clásico Georges H. Mead- el individuo se experimenta a sí mismo como tal, no directamente, sino indirectamente desde los puntos de vista particulares de otros individuos miembros del mismo grupo, o desde el punto de vista generalizado del grupo social al que pertenece”. Es, por tanto, una experiencia individual pero siempre dentro de unas relaciones sociales y de un ámbito concreto que es lo que va a conferir sentido a la experiencia de cada sujeto.

Mediante los grupos de discusión, el propósito es acceder al sistema de representaciones sociales y a la construcción de universos simbólicos que tienen lugar, se institucionalizan y se legitiman a través de la interacción comunicativa y conductual en los grupos sociales de pertenencia

 

Anuncios