prostitucion

Basado en un informe de investigación y análisis realizado por Susanne Dodillet y Petra Östergren ( CLICK AQUÍ PARA VER EL INFORME COMPLETO).

La conclusión en la mayor parte de los informes y estudios es que la Ley de Compra de Sexo no disuade a los clientes. En entrevistas con clientes hechas por el Consejo de Salud y Bienestar, la mayor parte de los hombres dicen que la prohibición no ha supuesto ningún cambio para ellos, y la describen como “un puñetazo al aire”. Anneli Sirling, del proyecto de investigación de NKK, entrevistó a trabajadores sociales que dijeron que, según los clientes con los que habían hablado, la penalización no ha sido un tema importante de conversación y no ha sido vista como un problema. La decisión de comprar sexo o no estaba relacionada con otros temas más que con el hecho de que fuera ilegal. Sirling y otros muestran también que para muchos hombres la prohibición no es una preocupación en absoluto, ya que compran sexo casi siempre en el extranjero. Los clientes entrevistados en los proyectos de investigación del Centro de Conocimiento de la Prostitución en Malmoe y el RFSL, la Federación Sueca para la defensa de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, expresan un sentimiento similar: la prohibición no afecta a su conducta. Y las personas que venden sexo expresan la misma conclusión: la prohibición no disuade a sus clientes. Incluso la evaluación oficial, que por otra parte declara que la ley disuade a los clientes, hace referencia a “muchos policías” que creen que el castigo al que se arriesgan los clientes no es particularmente disuasorio.

Si miramos otras encuestas, encontramos resultados similares. La Radio Nacional Sueca hizo una encuesta en la primavera de 2009 a fin de investigar la efectividad de la ley. La Ley de Compra de Sexo estaba siendo sometida a evaluación y la radio quería saber si disuadía o no a los hombres. Diecinueve estaciones de radio locales subieron un anuncio falso a internet, pretendiendo ser una mujer local que vendía sexo y podía ser contactada por e-mail o por teléfono móvil. Las estaciones se vieron inundadas de contestaciones. En menos de una semana tuvieron mil respuestas, distribuidas por igual a lo largo del país. Los periodistas de la radio llamaron a algunos de los hombres y vieron que la prohibición no les asustaba. Muchos compararon la naturaleza ilegal de comprar sexo con la velocidad: también es ilegal conducir un coche demasiado deprisa, y podían ser cazados o no, pero aún así valía la pena. Cuando la Radio Nacional se puso en contacto con el coordinador del Plan de Acción Nacional para obtener algún comentario, el coordinador dijo que esos hallazgos no le sorprendían:

“Esto no es algo que me sorprenda. Pienso que esto solo confirma lo que nosotros decimos todo el tiempo. Sabemos que existe una gran demanda. Eso es algo que hemos intentado señalar: no es solo un fenómeno de las grandes ciudades (…) hay una corriente constante de compradores de sexo en el medio callejero también, así que pienso que eso suena como que es lo que está pasando en realidad, nada más.” Patrik Cederlöf, coordinador del Plan de Acción Nacional

El gobierno se basa en un único estudio con inexactitudes e imprecisiones.

A pesar de estos datos, la evaluación oficial proclama que la Ley de Compra de Sexo disuade a los clientes, refiriéndose a solo uno de los estudios realizados dentro del proyecto de investigación de NIKK. Se trataba de una encuesta mediante un cuestionario acerca de las experiencias con la prostitución y las actitudes hacia la misma de hombres y mujeres suecos, cuestionario que constituyó la base del estudio de Jari Kuosmanen de 2008, y que contenía cuestiones pensadas para determinar si la prohibición había afectado al patrón de actuaciones de los compradores de sexo prospectivos. Kuosmanen concluyo que los hombres que dijeron que habían comprado sexo fueron menos en este estudio (8%) que en un estudio hecho en 1996 (13,6%), y que varias personas  encuestadas dijeron que la prohibición había afectado a sus actuaciones, haciéndoles abandonar o reducir la compra de sexo. Pero (y esto no ha sido traducido en el resumen en inglés de la evaluación oficial), el propio Kuosmanen resta importancia a los resultados, entre otras razones por la baja tasa de respuestas. De los 2.500 cuestionarios que fueron enviados, solo respondieron el 45,5 por ciento, ligeramente menos hombres que mujeres, y los hombres jóvenes en especial estaban subrepresentados. Kuosmanen  también plantea la cuestión de si el resultado representa una disminución real u otra cosa. Finalmente, discute hasta qué punto hubo libre decisión de contestar a las preguntas acerca de la compra de sexo en 2008, dado que se había vuelto un acto penalizado. Concluye que para saber si hay una reducción real en el número de clientes, hacen falta encuestas basadas en una población más amplia.

Los criminólogos de la Universidad de Estocolmo escriben en su respuesta a la evaluación oficial que las cifras resultantes de las encuestas no nos dicen nada acerca de lo que está pasando en realidad, al contrario de lo que cree la gente. Demuestran también por qué las cifras arriba mencionadas no pueden ser correctas. Si las respuestas se consideran representativas, entonces todos los hombres que contestaron “sí” a haber comprado sexo alguna vez en 1996 deberían estar representadas también en la encuesta de 2008 (con la excepción de los doce grupos de más edad) y habrían vuelto a contestar “sí” si hubieran contestado sinceramente. Incluso aunque ninguno hubiera comprado sexo tras la instauración de la Ley de Compra de Sexo, un descenso tan importante en la prevalencia de compra de sexo entre los hombres sencillamente no puede conseguirse en ese plazo. El Consejo Nacional para la Prevención del Crimen está también entre los que discuten el posible efecto disuasorio de la Ley de Compra de Sexo. En un informe temprano, dicen que no se sabe si la nueva prohibición ha disuadido a los compradores en el mercado de prostitución en interior.

No hay pruebas de que la ley haya reducido el número de compradores de sexo

( CLICK AQUÍ PARA VER EL TEXTO ORIGINAL EN INGLES).

La ley ha sido aplicada casi de forma exclusiva contra los clientes de  las trabajadoras sexuales de calle,  pero el gobierno no tiene ninguna  prueba de que haya disminuido el  número de compradores de sexo desde  que la ley se hizo efectiva. No saben cuántos hombres estaban  solicitando en la calle antes o después  de la ley. No saben si los hombres  se desplazaron de las calles a los pisos y a internet, o fuera del país. No  han recogido tales datos y, por tanto, no pueden demostrar ningún éxito en el logro del objetivo principal de la ley.

El informe plantea la  posibilidad de que algunos hombres hayan  cambiado su conducta como resultado  de la ley. Cita una encuesta de 2008 en la que “varios de los hombres  encuestados” decían que la ley les  había llevado a dejar de comprar sexo (Skarhed 2010, 32).

El informe también informó de qu e sólo el 8% de los hombres  dijeron que habían comprado sexo , comparado con el 13,6% en 1996  (Skarhed 2010, 32). Sin embargo, los informes de las personas acerca de  su propia conducta socialmente inaceptable no es prueba de su conducta  real. De hecho, si la ley ha conseguido estigmatizar la compra de sexo  como pretendía, es lógico, en consecuencia, que los hombres quisieran  evitar el estigma diciendo que ya no estaban implicados en el “sexo  malo”.  

Aunque el miedo a la detención  y a la exposición pública podrian ser elementos disuasorios, estos no son una garantía de cambio de conducta. De hecho, la investigación, incluida la investigación  del gobierno, revela la ineficacia de  la ley sobre los compradores de sexo:  “la mayor parte de los hombres dijeron que la prohibición no había  supuesto ningún cambio para ellos” y “para muchos hombres, la  prohibición no les supone ninguna  preocupación, ya que la mayoría  compran sexo en el extranjero”. (Dodillet y Östergren 2011, 14-15).  Incluso el gobierno admite que siempre ha sido  “más corriente comprar sexo en el  extranjero que en Suecia” (Skarhed 2010, 32).

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No hay duda que cuando se creó la ley de penalizar la compra de sexo, no se tuvieron en cuenta ciertos conceptos innegables que hacen la demanda del sexo una situación muy diferente a situaciones reconocidas como ilegales o “moralmente no aceptadas”. Las razones que llevan a una persona a pasarse un semáforo en rojo o a robar un banco no son las mismas que lleva a una persona a la búsqueda de satisfacción sexual. Los factores que lleva a una persona a buscar una relación sexual, son impulsados por un laberinto de elementos sicológicos y especialmente fisiológicos muy complejos adherentes a la naturaleza misma; de hecho, para la sexología moderna es claro que el deseo sexual es uno de los deseos más fuertes y difícilmente reprimibles por la mayoría de personas hasta el punto de ser una de las adicciones más comunes. El constante y rápido crecimiento de la natalidad podría ser una prueba de ello. Esto no debe justificar actos sexuales violentos o en contra de la voluntad, pero resulta que la penalización que concierne a este tema, está basado en un acto consensuado, voluntario y libre entre dos adultos con capacidad de discernimiento y en un ambiente sin el interés o la presión de terceros.

Para entender la falta de efectividad para disuadir la  compra de sexo a través de una ley penalizadora, podríamos observar el resultado en otro contexto tal como el consumo de estupefacientes, donde después de varias décadas, la guerra contra el narcotráfico a lo ancho del planeta no ha logrado disminuirse en los más mínimo; de hecho, el resultado ha sido contrario aumentándose cada día y todo esto a pesar de las severas leyes que existen en la gran mayoría de países para tratar de abolirla. La ley Sueca que penaliza la compra de sexo, en su persecución utópica de la abolición, no es más que una guerra declarada contra la prostitución libre y en contra de la regulación.

Se debe considerar que la sexualidad es algo totalmente intrínseco a la naturaleza y su fuerza es la más grande del universo, tanto así que gracias a esta se hace posible su propia existencia. El deseo sexual es algo que existe en casi la totalidad de los seres humanos y es algo inseparable de su fisiología primigenia; caso diferente es el consumo de estupefacientes que se podrían considerar como algo artificial y proveniente de situaciones externas. Entonces surge la pregunta: si algo como el consumo y tráfico de estupefacientes sigue en aumento a pesar de la severidad con que se castiga y con el daño innegable a la integridad física y mental que le causa al consumidor ¿Qué elementos de juicio tuvo el gobierno Sueco, para creer que penalizar la compra de sexo funcionaria como factor disuasorio hacia la demanda?.

 

 

 

 

 

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