En el pasado mes de Agosto del 2017, el congreso de Colombia propuso multar a clientes de trabajadoras sexuales autónomas y libres, las cuales son casi la totalidad en el país. Ante un proyecto de ley con estas características que podrían impactar de manera trascendental a los implicados y a la sociedad, parece importante entender los aspectos psicológicos y sociales que lo involucran en relación a las razones por las que se propuso este proyecto y la manera como esto podría impactar a la sociedad y las personas implicada.

El modelo abolicionista, como se explicara mas adelante, no ha podido demostrar ningún beneficio para la sociedad y mucho menos para las trabajadoras sexuales. Por lo tanto y ante una posible buena intensión que pudiera tener el proyecto, resultaría en un acto riesgoso e incluso injusto e irresponsable progresar en Colombia una propuesta de estas características.

Para poder explicar más a fondo el tema se ha divido este texto en los siguientes apartes:

  1. Violencia de genero y el abolicionismo.
  2. ¿Por qué castigar la demanda resulta construyendo pilares de violencia y vulnerabilidad?
  3. Equidad de género y el abolicionismo resultante del feminismo radical
  4. Trabajo sexual autónomo vs trata y explotación sexual
  5. Cifras de medicina legal de Colombia
  6. Contradicción entre desestimulación y adquisición de fondos
  7. Acerca de los clientes
  8. ¿Qué influencia tendrá multar el oficio sobre los implicados?
  9. Victimización de las trabajadoras sexuales libres.
  10. Clandestinidad del oficio
  11. Establecimientos y explotación sexual
  12. Acerca del modelo sueco hacia la prostitución.

 VIOLENCIA DE GENERO Y EL ABOLICIONISMO.

El término “violencia de género” se podría  aplicar de manera acertada y con todas las denominaciones en casos de trata o explotación sexual debido especialmente y entre muchas razones,  a la opresión de la libertad. El trabajo sexual libre y autónomo por su parte, se desarrolla en un contexto muy diferente, pero a pesar de esto y promovido por la ideología abolicionista o prejuicios morales, se suele exagerar y además generalizar sobre esta violencia estereotipándolo como un oficio donde la violencia siempre es inherente. Anqué no se puede negar el nivel especial de vulnerabilidad que tiene el trabajo sexual libre y autónomo, cabe preguntarse, de qué manera el imponer castigos sobre las transacciones del oficio, las cuales son esenciales para que un oficio tenga validez, podría ayudar para cualquier tipo de violencia desaparezca. Además que al no poner en el contexto real esta violencia, finalmente resulta creando otro tipo de violencia sobre las trabajadoras sexuales que se explicaran posteriormente.

Es importante entender que toda esta generalización y exageración sobre la violencia, específicamente en el trabajo sexual libre y autónomo, es la columna vertebral del manifestó abolicionista de la prostitución el cual  han intentado difundir como si fuera la gran idea. El no poner cifras y situaciones en un contexto preciso, real e imparcial  y por otro lado exagerar, dramatizar y generalizar son las estrategias favoritas de los abolicionistas para lograr doblegar la conciencia y el convencimiento público.  El objetivo final del  abolicionismo parece sustentarse en razones más profundas y complejas de lo que ellos suelen dar  a entender, las cuales colindan más en intereses basados en la ideología del más radical feminismo, y no tanto en el  sentido social y protector que profesan, el cual usan más como fachada para  justificar sus intereses ideológicos. A estos les conviene usar la estrategia de unificar monolíticamente el delito de la explotación sexual con el trabajo sexual libre, para así facilitar la fatalización y el convencimiento popular sobre la “violencia extrema” que según ellos, representa el trabajo sexual libre. Los abolicionistas para no desviar su sentido ideológico, no les conviene aceptar la sexualidad como algo desvinculado al deseo mutuo y por lo tanto, según ellos “esta no debe ser en un servicio lucrativo y consensuado en medio de la libertad”, y oponerse a esta idea, como en el caso del trabajo sexual, entonces “solo quedaría espacio para que sea un acto violento y de agresión a la mujer”. No tienen en cuenta que muchos otros trabajos y oficios tienen matices y circunstancias íntimas, que de alguna manera emergen para convertirse en un acto lucrativo, pero lo que los distingue del trabajo sexual es que no tienen relación con la sexualidad, lo cual es donde los abolicionistas sienten que la mujer pierde poder y es por eso que se empecinan sobre el trabajo sexual autónomo. Cientos de organizaciones y sindicatos de trabajadoras sexuales a lo ancho del planeta, entre otros, manifiestan hasta el cansancio, que si es posible prestar un servicio sexual sin que este represente en si una formar de violencia, pero como a las abolicionistas no les convine aceptarlo ya que disturbiaria sus intereses ideológicos, entonces lo negaran por siempre.

También suelen obviar, por conveniencia, que la violencia puede existir en prácticamente todos los oficios, profesiones o trabajos. En algunos podrá ser menor, pero en muchos otros ocurre constantemente y los riesgos pueden ser incluso mucho mayores que el trabajo sexual libre, y no por eso nadie va a intentar erradicar esa profesión. No hay duda que algo se tiene que hacer para disminuir la violencia sobre trabajadoras sexuales y la población en general, pero insisto, ¿Ante la inexorable existencia del trabajo sexual, de qué manera multar su demanda puede ayudar a disminuir esta violencia?

¿POR QUÉ CASTIGAR LA DEMANDA RESULTA CONSTRUYENDO PILARES DE VIOLENCIA Y VULNERABILIDAD?

  • Multar la demanda de trabajadoras sexuales libres  para así presionarlas al desespero económico y con el objetivo de que cambien de oficio en contra de su voluntad, no deja de ser una estrategia de violencia sicológica y a su integridad personal.
  • Al multar la demanda se anulan las regulaciones existentes del trabajo sexual autónomo que previenen la clandestinización, y ante este inevitable hecho, se expondrá a las trabajadoras sexuales a una seria de situaciones donde sin duda se vería incrementada cualquier tipo de vulnerabilidad.
  • Al multar la demanda aumentaría la estigmatización y discriminación social. Además que esta estigmatización aumenta los casos de violencia, especialmente de parte de la policía, tal como ha ocurrido en los países donde se ha impuesto este modelo.
  • Se les subestima su habilidad o capacidad de conseguir otros medios de subsistencia, si así lo quisiesen, tal como lo puede hacer cualquier otro ciudadano.
  • Se les infantiliza al imponerse sobre su decisión y libertad. Los derechos humanos sin duda son violados ante situaciones de trata y explotación sexual, pero diferente es el caso en el trabajo sexual autónomo donde estos derechos podrían ser violados cuando el estado pretende imponerse sobre la voluntad y  las decisiones sobre el cuerpo y la libertad.
  • Resulta siendo una forma de violencia psicológica, el considerar que las trabajadoras sexuales autónomas como víctimas sumisas y que son usadas como objetos por sus clientes, a pesar que ellas mismas se oponen enfáticamente a este tipo de denominaciones.  Perjuicios morales en relación al sexo o planteamientos ideológicos como el abolicionismo, no pueden ser suficientes para estos calificativos. En todos los trabajos existentes se requiere el cuerpo para su ejecución, ningún trabajo se realiza desde planos metafísicos. Además el valor de intimidad y dignidad es algo que debe definir cada sujeto independiente de ideologías intrusivas. Cuando se entiende  el sentido real del concepto de propiedad y las características intrínsecas y matices variables del trabajo sexual por decisión propia, entonces resulta careciendo de todo sentido e incluso resulta siendo ofensivo calificarlas de víctimas de apropiación o de ser usadas como objetos.

EQUIDAD DE GÉNERO Y EL ABOLICIONISMO RESULTANTE DEL FEMINISMO RADICAL

Si la gran mayoría de trabajadoras sexuales libres y autónomas se oponen a que se multe o se penalice de alguna manera su demanda, esto prueba que la “igualdad de la mujer” debería más bien hacer referencia al respeto que el estado y la población debe tener sobre la libre decisión que cada mujer quiera ejercer sobre sus cuerpos y sobre sus vidas. Sin embargo, a diferencia del feminismo liberal, en el feminismo radical del cual deriva el abolicionismo, el término “equidad de género” se justifica básicamente sobre la percepción errónea de pérdida de poder de la mujer frente al hombre a través del trabajo sexual. Sin duda hay otros trabajos sin ninguna involucración sexual donde si se podría percibir una brecha de poder entre los géneros, pero es el trabajo sexual libre y autónomo el que más perturba al abolicionismo, por no decir el único. ¿Y porque la involucración de la sexualidad es importante para el abolicionismo? Porque es allí, en la sexualidad donde las abolicionistas sienten, que desde una perspectiva social, la mujer puede sobreponer o equiparar su percepción de poder sobre el hombre, de una manera consiente subconsciente, conocen el fuerte deseo sexual del hombre y como este puede ser usado a su favor. Pero al hombre lograr conseguir sexo relativamente fácil a través del trabajo sexual, entonces el abolicionismo percibe una gran desventaja de poder, situación que resulta  afectando drásticamente las bases del feminismo radical y la lucha de poder de géneros, la cual es su prioridad máxima.

Esto explica porque las abolicionistas tratan la prostitución de manera monolítica y no aceptan la existencia del trabajo sexual libre y autónomo, porque ya sea en la prostitución ajena o libre  perciben la misma brecha de poder. También suelen afirmar en cada uno de sus tratados, que los hombres no buscan sexo sino poder y sumisión de parte de ellas, cosa que es totalmente falsa. Las trabajadoras sexuales libres solo ofrecen servicios sexuales y casi siempre ponen una serie de límites y restricciones que ellas hacen cumplir. Ellas afirman hasta el cansancio que no venden cuerpos ni son usadas como mercancía,  únicamente existe la venta de un servicio con implicaciones sexuales, de hecho una dentro de las tanta variantes de servicios, son las trabajadoras sexuales las que tocan a los hombres y estos solo se acuestan en una cama como actores pasivos, similar a cualquier otro servicio que implique contacto corporal como masajistas, esteticistas, enfermeras, etc., pero con la diferencia de una implicación sexual. Si los hombres persiguieran empoderarse sobre la feminidad, muy seguramente buscarían otros mecanismos directos y referentes para conseguirlo. Vale la pena preguntarse si esta situación sobre el poder no es más que una percepción del ego feminista radical, ya que existen muchas trabajadoras sexuales autónomas que mencionan sentir como ejercen poder sobre los hombres y sus economías usando la sexualidad como herramienta.

Por todo esto, se entiende fácilmente que el abolicionismo como tal, no tienen primordialmente ninguna intención social u humanitaria como suelen difundir, si así fuese, concentraría todos sus esfuerzos en trabajos de índole social y no en la mera y empecinada obsesión de castigar al cliente masculino. El abolicionismo es ideología y nada más. La lucha contra la prostitución ajena y proveer cifras y testimonios dramáticos de victimas de trata y explotación, no son sino fachadas o herramientas para doblegar el convencimiento en la política y la sociedad y así intentar erradicar la prostitución libre y autónoma que tanto afecta sus intereses ideológicos y egocéntricos. No es si no leer todos sus manifiestos y tratados, donde la mayor parte de estos lo dedican a satanizar y emprenderla contra la demanda masculina, hacer énfasis en la simplista idea de que “sin demanda no hay oferta”, además de  infantilizar y victimizar a las trabajadoras sexuales (cosa que estas encuentran intolerable e irrespetuoso), acomodar cifras a su favor, dramatizar y exagerar, pero por otro lado no hacen mayor referencia o énfasis a mecanismo de ayuda  a las personas que voluntariamente quisiesen cambiar de oficio, pero sin la presión psicológica y el aumento de vulnerabilidad que significaría castigar su demanda.

TRABAJO SEXUAL AUTÓNOMO VS TRATA Y EXPLOTACIÓN SEXUAL

La gran mayoría de la población  en Colombia y gobiernos del mundo, entiende  claramente las diferencias abismales que existen entre el trabajo sexual libre de delitos como la trata o explotación sexual, así como fácilmente logran diferenciar el matrimonio institucional consensuado del matrimonio servil, la mendicidad forzada de la mendicidad por cuenta propia, la trata con fines de trabajo domestico del trabajo domestico autónomo, etc.

El trabajo sexual libre y autónomo no se refiere únicamente a la manera como ingresaron al oficio si no también a la opción que tienen de cambiar de oficio si así lo quisieran, es decir, el hecho que una persona haya ingresado al oficio bajo coerción o inducción, pero ya después goza de plena libertad para buscar otros medios de ingresos y además lo ejerce de manera independiente de terceros, esto ya le da total valor al calificativo de autonomía y libertad. El trabajo sexual libre y autónomo es la oferta la que consciente y voluntariamente en medio de su plena libertad, desea de la demanda obtener un beneficio económico y por lo tanto hace todo lo necesario para que esto sea posible, pudiendo usar alguna estrategia de seducción o publicidad y así inducir a la tentación. Mientras que la trata y explotación sexual consiste en la coerción de la libertad, es decir traficar y constreñir a otro para realizar un trabajo fuera de su consentimiento, generalmente bajo la amenaza de algún tipo de perjuicio personal. Obviar estas grandes diferencias o tratarlos como “intrínsecos”, solo logra que el estado sea ineficiente en tomar las medidas adecuadas sobre cada situación, además que deriva en una disminución de la conciencia social acerca de la prostitución autónoma.

Es claro que este proyecto de ley está dirigido única y exclusivamente al trabajo sexual libre y autónomo ya que en Colombia actualmente existen leyes severas para casos de prostitución ajena, trata de seres humanos, y pornografía de menores. También a través del código de policía y en sus artículos se previene la clandestinización del oficio y este tipo de actos delictivos, además que promueve una serie de normas de convivencia, sanidad y protección hacia las trabajadoras sexuales. No todo será perfecto en este sentido y habrá asuntos por solucionar, pero sin duda la mayoría de la población y el estado preferirán mantener un oficio que  inexorablemente se va a llevar a cabo, regulado y a la vista y no sumergido en entramados clandestinos. Bajo este panorama, las decisiones individuales sobre un acto consensuado entre adultos ejercido en la libertad, de manera autónoma y  que colindan en la privacidad e intimidad, debería de requerir tolerancia y protección, pero nunca penalización alguna.

CIFRAS DE MEDICINA LEGAL DE COLOMBIA

En la presentación del proyecto ante la opinión pública, se ha intentado justificarlo, mencionado que “según Medicina Legal de Colombia han desaparecido 33.000 trabajadoras sexuales”. Sin embargo, las cifras en la cartilla oficial de Medicina Legal de Colombia “Comportamiento del fenómeno de la desaparición, Colombia, 2013” parecen diferir de las mencionadas. Allí se especifica que en 77 años (1938 – 2013) han desaparecido tan solo 240 trabajadores sexuales. Es un numero ínfimo en proporción al total  de mujeres desaparecida que no tiene ninguna relación con el oficio de la prostitución el cual es de 36.211 (Según informe del director de Medicina Legal, Carlos Valdés),  Llama la atención que muy por encima de la estadística de trabajadores(as) sexuales están un gran número de otros grupos considerados como vulnerables, además se destaca que en esos años han desparecido 88.468 hombres, más del doble que mujeres.

Obviamente cualquier cifra merece la preocupación y atención de las autoridades de control y aparato de justicia, pero sin embargo vale la pena preguntarse ¿De qué manera el imponer penalidades a un oficio que inexorablemente siempre va a existir, podrá ayudar a evitar que mujeres trabajadoras sexuales y las que no tienen ninguna relación con la prostitución, sean acecinadas o desaparecidas?

CONTRADICCION ENTRE DESESTIMULACION Y ADQUISICIÓN DE FONDOS

Basados en  el objetivo del proyecto, en el que supuestamente “se desestimula a los clientes a través de multas para que no paguen por sexo, las cuales se usarían como fondos  para programas que ayudarían a trabajadoras sexuales para que cambien de oficio”. De esto surge una gran contradicción y mensaje confuso hacia la sociedad: “No queremos que nadie pague por sexo pero al mismo tiempo necesitamos que lo haga para obtener recursos, y así poder solventar los ingresos que dejara de recibir la oferta de una demanda que no queremos que exista”.

Resulta que las multas en este proyecto no tienen un valor secundario u ocasional como en otro tipo de multas, sino que son de una necesidad primaria y esencial debido a que el proyecto no plantea alternativas en la manera de obtener recursos. Las multas son tan esenciales para que este proyecto tenga algún sentido, que si en el hipotético caso, todos los clientes dejaran de ser demanda de un día para otro,  entonces resultaría que cientos de miles de trabajadoras sexuales en el país dejarían de recibir sus importantes ingresos de un día para otro y así mismo no habría recursos para ayudarlas, de lo cual fácilmente se podría deducir el problema social que se crearía.

Bajo esa premisa, se concluye que la multa resultaría siendo en un tributo estatal y no un supuesto “método pedagógico” o castigo. Pero a diferencia de otros tributos estatales donde se suele buscar que haya el mayor número de contribuyentes, en el caso de este proyecto, se pretende que no haya ningún contribuyente, pero al mismo tiempo se quiere que si los haya, debido a  que resultaría esencial el recurso de las multas para que el proyecto tenga algún sentido.

ACERCA DE LOS CLIENTES

Según manifiestan directamente las trabajadoras sexuales, la gran mayoría de los clientes son decentes y amables, y generalizarlos como violentos es injusto e inexacto. Si los clientes fueran comúnmente violentos, y teniendo en cuenta que a diario ser realizan en Colombia cientos de miles de transacciones de servicios sexuales, entonces muy seguramente desde los medios de comunicación y la justicia se escucharía ocasionalmente noticias al respecto, cosa que no sucede prácticamente nunca. Pero al abolicionismo le conviene satanizarlos para así poder sostener su ideología y sus argumentos sobre la desigualdad de género. A diferencia de las afirmaciones generalizadas del abolicionismo, la realidad es que la mayoría de clientes son solteros, los hay viudos, separados, casados con matrimonios disfuncionales y acceden al servicio de trabajadoras sexuales por la más obvia  de las razones, simplemente tener una relación sexual, acompañados muchas veces de vidas solitarias y otras situaciones psicológicas que directamente hemos tratado en nuestros consultorios, pero que siempre están lejos de intenciones de poder o misóginas. Afirmar que los clientes buscan trabajadoras sexuales libres solo para  tomar poder sobre la femineidad o buscar la sumisión, tal como suele difundir el abolicionismo además de ser una falsedad total, evidencian  claramente la intención ideológica con la que refuerzan argumentos y acomoda situaciones a favor de sus intereses, además de subestimar la inteligencia de la gente sobre situaciones que el sentido común y evidencias más realistas se sobreponen.

Los abolicionistas se apoyan en calificar a los clientes como violentos usando foros cibernéticos donde hay comentarios que si bien en algunos casos si carecen de decoro y prudencia, eso no significa que en la acción sean violentos o quieran tener poder sobre la mujer, de hecho sus comentarios refuerzan que el tema en relación es de índole sexual y no “tener poder sobre la feminidad”. Detalles de fantasías, morbo, lenguaje poco decoroso, no se limita solo a los hombres, ¿Quien puede afirmar con certeza que las mujeres entre ellas y sus amigas no usan comentarios similares refriéndose a los hombres? Y todo esto no significa que se quiera de una personan hacer un objeto o mercancía, de hecho son comentarios que se realizan constantemente en la cotidianidad entre amigos refriéndose al sexo opuesto en general sin ninguna relación a la prostitución.

 

¿QUÉ INFLUENCIA TENDRÁ MULTAR EL OFICIO SOBRE LOS IMPLICADOS?

Las personas que decidan libremente cambiar a otro trabajo lo pueden hacer sin necesidad que les generen obstáculos en la ejecución de su oficio, de otro manera resulta siendo una manera de coerción; pero en términos generales, debido a la falta de oportunidades con ingresos equiparables y dignos en relación al promedio que suelen ganar las trabajadoras sexuales en Colombia, ya sea por el sentir libertad que les proporciona, o por una decisión personal inmutable, las penalidades que se impongan a la demanda, no lograra influenciar en la decisión de trabajadoras sexuales y por lo tanto el oficio se resistirá a decrecer. Así mismo, los clientes por más multas que les impongan, seguirán pagando por sexo y la amenaza de multas no les persuadirá su accionar como demanda. No es lo mismo la disuasión sicológica que podría ejercer una multa sobre una infracción de tránsito, la cual razonablemente atenta contra la seguridad o convivencia y es cometida por imprudencia o mala intención, que en el caso del trabajo sexual libre, donde aislando las razones ideológicas del feminismo radical, el trabajo sexual es algo que ni el cliente ni la mayoría de la población racionalmente percibe ni percibirá como algo que deba castigarse, ya que en la gran mayoría de los casos no genera ninguna afectación racional sobre nadie.

Las penalizaciones económicas no van a afectar las razones por las que clientes pagan por sexo, la cual se limita en casi la totalidad de los casos al sexo. Por lo tanto las penalizaciones no disuadirán, sino más bien inducirán a la búsqueda de estrategias para así seguir haciendo lo mismo y evadir las penalizaciones. Este accionar no se realizara solo, sino bajo el amparo de la oferta, la cual ejercerá protección sobre ellos empujándolos a ambientes y situaciones clandestinas, similar a como ocurre hoy en día en la fracasada guerra contra las drogas, o sin ir tan lejos, como ocurre en los países donde la prostitución es prohibida. Por esas razones, sería perjudicial para la sociedad la creación de una ley, que omita este tipo de realidades humanas y sociológicas cobijándose en fundamentos ideológicos o moralistas.

En el caso del trabajo sexual por cuenta propia, no son los clientes los que las inducen u obligan a trabajadoras sexuales a ejercer el oficio, ni estas son impulsadas a ejercer el trabajo sexual por la existencia de una posible demanda. La demanda es apenas un eslabón en la cadena del comercio, pero no es la raíz de fondo para que exista este oficio. La necesidad de obtener recursos económicos sustentables y la búsqueda de independencia, entre otras razones son las que llevan a una persona a ejercer la prostitución por cuenta propia, y a la final resulta siendo las mismas razones por las que la gran mayoría de la humanidad busca un trabajo o un emprendimiento cualquiera. Por lo tanto poner el foco en el cliente, tal como pretende este proyecto y el modelo abolicionista, además de inútil y alejarse de la raíz de fondo, resulta contraproducente.

VICTIMIZACION DE LAS TRABJADORAS SEXUALES LIBRES.

Debido a los contextos tan diferentes entre el trabajo sexual autónomo de la trata o explotación sexual, es importante diferencia la acción de abrir espacios de oportunidades, que la de ser “rescatadas” o ser “sobrevivientes”. Los mecanismos para ayudar a cambiar de oficio a trabajadoras sexuales que libremente lo quieren hacer sin la presión del estado, son en realidad muy similares de los que se aplicaría a una persona que ejerce cualquier otro oficio o profesión. Simplemente se requiere actuar en aspectos estructurales que van desde la creación de mejores oportunidades y facilidades de acceso a la educación y la creación de espacios y beneficios en emprendimiento y empleos con salarios dignos, ayudando así a consolidar una economía favorable y justa a toda la población.

Llama la atención ver el fenómeno reciente de los inmigrantes venezolanos, que sin tener un permiso laboral en Colombia, encuentran un sustento a través del rebusque informal tales como ventas ambulantes, ayudantes en cafeterías o restaurantes, cantar en buses, lavan autos, etc., lo que les permite lograr una subsistencia y enviar dinero a sus familiares a su país. Con esta analogía no pretendo insinuar que las trabajadoras sexuales deban realizar trabajaros de rebusque o de bajos ingresos, sino dar a entender que no es la carencia de oportunidades lo que las lleva al trabajo sexual.  Las trabajadoras sexuales libres y autónomas gozan de la misma libertad y medios que cualquier otro ciudadano y la gran mayoría no tienen discapacidad alguna que les dificulte, o las pongan en desventaja en comparación  al común de la gente para encontrar otras opciones de sustento económico. Muchas tienen otros trabajos que complementan económicamente con el trabajo sexual, lo cual demuestra que si pueden conseguir otras alternativas de sustento. Por supuesto que esto no demerita la ayuda que pueda prestar el estado para crear espacios y facilitarles un cambio de oficio, sin embargo se suele subestimar de manera errónea sus capacidades solo por el hecho de ejercer un oficio estigmatizado o moralmente rechazado.

La gran mayoría de trabajadoras sexuales advierten que prefieren mantenerse en ese oficio principalmente porque presuponer que van a tener ingresos muy inferiores en otra labor y que además van a perder la independencia y libertad que les representa este oficio. La presunción no es del todo equivocada ya que las ganancias de una trabajadora sexual en Colombia puede variar en rangos desde 2 millones hasta 18 millones mensuales o incluso más, pero el promedio esta alrededor de los 6 millones al mes, evidentemente esto es muy superior a lo que suelen ganar en Colombia otros ciudadanos con un nivel educativo similar. Entonces si ellas manifiestan no encontrar otras alternativas, de seguro se refieren a alternativas equivalentes en ingresos y no al campo de posibilidades.

¿POR QUÉ MULTAR EL TRABAJO SEXUAL LIBRE NO LOGRARA INFLUENCIAR POSITIVAMENTE?

Por lo general en la mayoría de situaciones sociales que suelen percibirse como tabú, prima el discernimiento individual que juzga desde su propia perspectiva, es decir, el valor intelectual y  racional en relación a la ética. Una ley punitiva basada en  principios morales o idealismos utópicos y además disociados a la realidad social, subestima el libre pensamiento y el razonar de la sociedad, que resultaría en la nula influencia moral de parte del estado sobre la percepción que se pueda tener del oficio.

En otras situaciones donde no hay ningún delito implícito, no suele legislarse en contra de la demanda como estrategia disuasoria sobre la oferta, debido a la manera cómo esto afectaría la libertad y libre desarrollo de la personalidad. Es por todo esto, que debido a los matices particulares que posee el trabajo sexual libre y autónomo, el multarlo se percibirá como un acto de injusticia ante la opresión de la libertad, y como consecuencia se resolverá en acciones de rebeldía, que a la larga, resultara creando los problemas sociales que no existían antes y que el proyecto pareciera querer prevenir.

CLANDESTINDAD DEL OFICIO

El trabajo sexual libre y autónomo, en términos generales, no es clandestino en Colombia y esto gracias a las sentencias de la corte y las regulaciones que varios distritos han venido implementando a lo largo de varios años. No es necesario que un establecimiento se identifique directamente en relación con la prostitución para que no se considere clandestino. Casi siempre se implica  fácilmente la actividad o se deduce por el simple hecho de encontrase en una zona de tolerancia. Estos establecimientos están identificados y las autoridades, organismos de control y población en general tienen pleno conocimiento de la actividad que se realiza, de hecho, estos establecimientos deben tener registros sanitarios entre otros requisitos para su funcionamiento. Si se generan contravenciones, entonces se buscaran estrategias para proteger a los clientes, lo cual resulta en la ocultación de las autoridades, de controles sanitarios, seguridad, trabajo social, etc. lo que se traduciría finalmente en clandestinidad y todas sus concencuencias.

ESTABLECIMIENTOS Y EXPLOTACION SEXUAL

El termino proxenetismo resulta siendo ambiguo bajo diferentes definiciones, pero basándonos en la mencionada el proyecto el cual cita: “Tipo penal que tipifica la conducta que se ejerce con el ánimo de lucrarse o satisfacer deseos de otro, induciendo al comercio carnal o a la prostitución de otra persona”, la palabra “inducción” entendiéndose según como la define La Corte Constitucional de Colombia como “el acto de persuasión, de instigación y provocación seductora o engañosa dirigida a hacer nacer en la víctima el propósito de prostituirse” esta sería la acción determinante para que el concepto de proxenetismo cumpla su significado, de otro modo, el simple hecho de lucrarse sin inducción ni constreñimiento no debería ser suficiente para la calificación de proxenetismo. Existen muchos negocios relacionados en zonas conjuntas donde laboran las trabajadoras sexuales, que se lucran casi en su totalidad y de manera directa del trabajo sexual y no por ese hecho se les va a calificar como proxenetas.

Según algunas de nuestras investigaciones específicamente en Bogotá, la mayoría de establecimientos funcionan como intermediarios que obtienen lucro exclusivamente de la venta de bebidas y el alquiler de cuartos, similar como lo hacen los moteles en zonas de tolerancia, donde generalmente las trabajadoras sexuales se quedan con un mínimo promedio del 75% de la transacción. Generalmente llegan voluntariamente buscando un medio que facilite su oficio y son amigas o familiares, también en el oficio, quienes las “inducen”, o ellas lo deciden por cuenta propia. Los establecimientos también se lucran indirectamente y de justa manera de estas transacciones, pero no suelen ser los entes de inducción.

Ya dentro, debido a que no son empleadas sino trabajadoras independientes, ellas tienen libertad de ir al establecimiento los días que quieran y de cambiar de establecimiento, sin esperar ningún coerción de parte de estos. A pesar de la total libertad que gozan las trabajadoras sexuales, algunos establecimientos y por obvias razones, les sugieren acoplarse a los horarios y establecen tarifas, además de comportamientos de protección y convivencia, ya de por si articulados en el código de policía. Por lo tanto, basados en estas situaciones y en las definiciones de términos en relación, la acusación de proxenetismo o explotación sexual se debería de usar con más cuidado y sin generalización.

ACERCA DEL MODELO SUECO HACIA LA PROSTITUCION.

Es importante saber que este modelo solo se ha implementado sin ningún éxito en tan solo 5 países en el mundo y lo hicieron por razones donde la prostitución, economía, aspectos sociales, legales y constitucionales son muy diferentes a los de Colombia. Principalmente fue la trata interna el factor que impulso este experimento social, situación que ha agobiado a estos países hace décadas. A diferencia de Colombia, donde la trata interna con fines sexuales es mucho menor en comparación a las altas cifras de trata externa, que de seguro vería un incremento de implementarse algún tipo de penalización sobre el trabajo sexual.

De todos modos este modelo abolicionista, en ningún país ha podida demostrar de manera fiable y honesta algún tipo de beneficio a la sociedad y mucho menos a las trabajadoras sexuales. Incluso algunos de estos gobiernos han sugerido derogar la ley. Otros gobiernos, Amnistía Internacional, ONGs y varias organizaciones de derechos humanos han analizado este modelo pero lo han rechazado, debido básicamente a los perjuicios que han resultado creando a las trabajadoras sexuales en relación a su seguridad, sanidad, entre otros. En Suecia, después de 18 años el único cambio importante es que un porcentaje de la prostitución callejera se ha desplazado a interiores y a métodos fuera del control de las autoridades, es decir, se ha sumergido en una peligrosa clandestinidad.

Ninguna nación en el mundo ha estado si quiera cerca de abolir la prostitución libre, es tan simple como entender, que mientras haya humanidad la prostitución existirá en cualquier modalidad, método o forma. Es por eso que desde el punto de vista sociológico, si se busca tomar decisiones sobre esta situación, se debe afrontar de manera realista y sensata. Perseguir idealismos utópicos y fanáticos, preceptos moralista o egos personales, pero a su paso ir dejando un reguero de problemas, no parece ser el método efectivo ni recomendable de implementar políticas sociales.

 

 

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